Eran las dos caras de la medalla. Patético.
En Bolivia se protestaba con música y canto, en el propio Siles. Patético.
Los gorduchos de la Policía Nacional hacían lo que podían para mostrar que se puede levantar los brazos y agacharse en la ciudad de El Alto.
El presidente de la república jugaba al fútbol en plena Plaza Murillo.
Y en Zúrich, Joseph Blatter era aclamado por los delegados de las 207 asociaciones miembro de la FIFA presentes y con derecho a voto, entre ellos Carlos Chávez, presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, y “Patato” Méndez, presidente de la Liga. Patético.
Todos los delegados, inclusive los bolivianos, se pusieron de pie para ovacionar y confirmar la reelección del presidente Joseph Blatter.
Mientras que con el veto a la altura Blatter quiere “borrar del mapa futbolístico” a Bolivia, de manera simbólica, y evocando el nuevo lema de la FIFA "Por el juego. Por el mundo", un niño le entregó un globo terráqueo. Patético.
Lo mínimo que se podía esperar de Chávez y Méndez era que no asistieran a la ceremonia como muestra de protesta.
Pero, entendemos, los pasajes, viáticos y hospedaje de nuestros representantes los paga la Blatter y ellos solo tienen que levantar la mano. Patético.
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