lunes, 22 de octubre de 2007

Por la democratización del fútbol boliviano

Seis equipos de la Liga del Fútbol Profesional Boliviano quedaron inactivos tres meses antes de acabar el año y permanecerán así por más algunos cuando empiece 2008.

Es la fórmula perversa encontrada por nuestros dirigentes, copia fiel del fútbol argentino, como lo es también el promedio de puntos para determinar el descenso.

Copiar es lo más fácil, algunas veces por flojera, otras por falta de capacidad para encontrar fórmulas que se adecuen a la realidad boliviana.

Todavía no hay una forma más democrática de disputar un campeonato que no sea el de puntos corridos, en dos ruedas, donde jueguen todos contra todos, ida y vuelta.

Nada de torneos “Aperturas”, “Clausuras”, “hexagonales” o cosa parecida.

Los tres primeros colocados se clasifican a la Copa Libertadores de América y el cuarto disputa la Copa Sudamericana.

El último colocado desciende directamente y el penúltimo disputa el descenso con el campeón y subcampeón de la Simón Bolívar.

Creo que con esa fórmula todos los equipos, inclusive los de las Asociaciones estarían en actividad por lo menos 11 meses del año, posibilitando que los jugadores tengan unas vacaciones de un mes como todos los trabajadores del mundo.

El actual sistema fue “inventado” por los dirigentes de los grandes clubes (como en Argentina) con la intención de privilegiarse y aprovechar las bonanzas que la Conmebol da a los que disputan las copas Libertadores y Sudamericana.

Como casi todo en este país, los poderosos del fútbol boliviano hacen sus reglas en beneficio propio, dejando de lado la base filosófica fundamental del fútbol que es la democracia, la disputa leal y ética entre todos los equipos.

Y es más: el torneo debe ser organizado por la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), la Liga del Fútbol Profesional Boliviano debe desaparecer así como la Asociación Nacional de Fútbol (ANF) y en su lugar crear apenas una secretaría que cuide de los campeonatos menores.

Hoy, el presidente de la FBF es apenas una figura decorativa, porque el presidente de la Liga (que más parece un primer-ministro) es el que determina (manipulado por los presidentes de los 12 clubes) las cosas del fútbol profesional.

Un verdadero absurdo.