viernes, 19 de octubre de 2007

La ciencia y el fútbol

“Después de este prólogo quiero hacer un comentario a tu interesante texto. En el punteo donde explicitas que "los periodistas somos parte del problema" aseveras que hay que:
"Entender que para analizar y comentar no es suficiente leer solo las revistas deportivas que vienen del exterior y comprender que el fútbol es formado por una serie de ciencias que tienen que ser estudiadas". Jorge, ¿por qué no me presentas a esos periodistas? o mejor: ¿Por qué no me dices en que medios trabajan?”

(…) “Gráfico argentino o a ese decadente panfleto de la Conmebol. Por otra parte, afirmas que no basta con leer esos materiales para opinar sobre fútbol y asumir que está "formado por una serie de ciencias que tienen que ser estudiadas". No sé a que ciencias aludes y despiertas mi curiosidad: ¿a qué revistas te refieres? Quiero conocerlas.”

De un largo e interesante comentario enviado por Christian Vera, (lapalabraesferica.blogspot.com) extraje los dos párrafos arriba, porque creo ser justo dar una mejor explicación de mi parte, porque, me parece, no fuí bien entendido.

Veamos: El fútbol no es solamente alguien pateando una pelota o alguien escribiendo o hablando al respecto.

Cuando digo que los periodistas no podemos darnos el lujo de comentar y analizar el fútbol teniendo como base intelectual la simple lectura de revistas que llegan del exterior, me refiero a que no podemos limitar nuestra formación intelectual en base a lo que está escrito en la revista El Gráfico, por ejemplo.

Fútbol es mucho más que simple información, es, también, formación; y para formarnos (todos los que vivimos en torno al deporte) debemos entender que, aparte de las 17 Reglas que norman el balompié mundial, hay ciencias que son fundamentales para la actividad futbolística.

Sociología, Psicología, Medicina, Matemática y Estadística, para nombrar algunas.

Todas esas ciencias son utilizadas en la formación del futbolista. Sin la ayuda de ellas, no se puede llegar al profesionalismo.

Y los periodistas bolivianos o de cualquier parte del mundo, tenemos la obligación de apuntar cuando esas ciencias no están siendo (bien) utilizadas en los clubes o selección.

En esferas en donde el profesionalismo es para valer, no sorprende a nadie cuando se habla de la “Sociología del Deporte”, la “Psicología del Deporte”, la “Medicina Deportiva”, la “Estadística Deportiva”, la “Administración Deportiva”, el “Marketing Deportivo”, etc. Etc.

Cuando decimos y escribimos que no es posible que los jugadores de Bolívar (por ejemplo) entren a la cancha pensando en sus sueldos atrasados y que, por lo tanto, están con sus alquileres o pensiones del colegio de sus hijos atrasadas, nos estamos refiriendo a que el fútbol es una actividad social y, por lo tanto, un jugador estará psicológicamente en desventaja frente a un adversario que no tiene problemas de dinero.

Nosotros, periodistas deportivos, antes de criticar el desempeño del un jugador dentro de la cancha, nos preguntamos si ese jugador está con caries dental, ¿por ejemplo?

Antes de que entre a la cancha un jugador ¿nos preocupamos en saber cual ha sido el alimento ingerido por ese jugador en su residencia y a qué hora se alimentó? ¿O si se alimentó?.

A ese mismo jugador, su club ¿le da orientación sexual?

Son ejemplos de cómo la ciencia debe estar al servicio de un mejor desempeño deportivo del ser humano.

Si en Bolivia los clubes y la Selección no se auxilian con los avances científicos, nosotros periodistas deportivos debemos apuntar esa seria deficiencia.

Pero, para señalar esa falla, nosotros, periodistas deportivos, debemos, primero, tener conciencia de lo que eso representa para el deporte.

Nada más que eso.