domingo, 30 de noviembre de 2014

LA “COPA DE ALTURA SUB-20” NO NECESITA DE NINGÚN AVAL DE LA CONMEBOL


Carlos Chávez, presidente de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), fue públicamente derrotado y su autoridad contestada, con la confirmación del nuevo directorio de la Nueva Liga del Fútbol Profesional Boliviano, encabezada por Fernando Humérez.

Sin los equipos de la Liga, la Federación Boliviana de fútbol prácticamente no existe.

En ese contexto, hoy, el cargo de presidente de la FBF es simbólico.

No sé si a los capos de la Conmebol, Carlos Chávez, una figura desgastada y sin prestigio dentro del país al que “representa”, les servirá por mucho tiempo.

Por eso es que Carlos Chávez no desea que la Copa De Altura, organizada por la Prefectura del Departamento de La Paz, se realice sin su participación.

Sabiendo que la realización un evento de esos no requiere, legalmente, de autorización, ni de la FBF, ni de la Conmebol,  lo que Carlos Chávez desea, al menos, es aparentar autoridad.

Una autoridad que ya no la tiene.

En São Paulo, desde 1969, creada por la Prefectura de esa capital brasileña, con mucho éxito, siempre a inicio de año, se realiza la Copa São Paulo de Juniors (hoy llamada de sub-20), de la que participan equipos de todo Brasil y, eventualmente del exterior. 

Este año participarán 104 equipos.

Solamente en 1985, y frente a la amenaza de que termine, y no por imposición de la Conmebol, la Federación Paulista de Fútbol (FPF) se hizo cargo de su organización y sus gastos, después que el prefecto Janio Quadros había decidido no financiar más la Copa, debido a la crisis económica.

Así que el argumento de Carlos Chávez de que la Copa De Altura necesita del “aval” de la Federación Boliviana de Fútbol “y hasta de la Conmebol”, no tiene fundamento.

Inclusive porque, en ninguno de los 60 acápites de los Estatutos de la Conmebol, se encuentra la necesidad de ese “aval”.

Otra cosa es que la FBF, por medio de la Asociación de Fútbol de La Paz (AFLP), por vergüenza de no hacer nada, quiera subirse al “carro” de la Prefectura, para recuperar algo de prestigio.

Está bien, que se suban, pero que asuman, también, parte de los gastos económicos de organización.