miércoles, 29 de enero de 2014

ORIENTE PETROLERO Y UN SUEÑO DE SIETE DÍAS

Por Juan Manuel del Valle

Si, se hizo realidad ; no es necesario pellizcarse. Oriente ganó el primer tiempo de 90 minutos. Y no ganó por casualidad, pasando sustos o colgándose del pórtico. Ganó con autoridad. Con buen manejo de pelota y dominando cada situación de juego. Desde el gol de Mojica –futbolista estelar por certeza e intelecto- hasta el final.

No hay dudas que el gol refinero  se consumó en un instante clave. Llegó en el mejor momento de Nacional, dominante del juego desde los primeros 15 minutos. ¡Mire si no fue una visagra el gol del Cabezón! A partir de ahí, la serenidad se sumó al orden y a la pulcritud para el manejo del balón, gran mérito por hacerlo en un campo anegado y desparejo. Con Duk llevándose marcas contra las bandas para fabricar espacios, cumpliendo a cabalidad la consigna de Tabaré Silva.

Con caudillos como el Pollo Arias –firme ante un córner esquinado del Chino Recoba con destino de gol olímpico, Raldes –regreso triunfal de un hijo de la casa-, Brau –arriesgando el físico ante Cruzado y Meleán –patrón del medio sector-. Mérito de la casaca amarilla y verde local para superar a un confundido Nacional que no asimiló la ventaja orientista. 

El Tahuichi cobijó un triunfo internacional. Tan anhelado, siempre difícil para nuestros equipos. Las derrotas hay que explicarlas, los triunfos se festejan.

En Oriente Petrolero hay esperanzas, tras un final de año con bolsillos vacíos y fiestas brindadas con agua de la pila, ahoringa hay un majadito y somó para celebrar. 

Y vencer a Nacional no es poca cosa, por sus lauros y el paso triunfal en otrora de Limberg Gutiérrez donde se ganó el mote de Bomba por sus acerados remates que vencían goleros y rompían redes.

El Parque Central montevideano aguarda para el próximo martes, el segundo tiempo de 90 minutos para saber si los refineros integrarán el Grupo 5 de una Libertadores, siempre esquiva para los nuestros. Escenario donde la sangre tricolor de Abdón Porte selló la mística bolsilluda. 

Un sueño de siete días ambientado por Tabaré, Raldes, Arías, Mojica y compañía.