jueves, 16 de enero de 2014

CHUMACERO, VÍCTIMA DE UNA DEFICIENTE FORMACIÓN

Dos fueron los motivos para que el entrenador Geninho, apoyado en informes de los departamentos Médico y Físico del Sport de Recife, no aproveche al volante boliviano Alejandro Chumacero:

1.    La anterior directiva y el anterior cuerpo técnico del club brasileño, cometieron el equívoco de contratar al jugador como medio volante (volante de contención o de marca, para la cultura futbolera boliviana), y solamente en los entrenamientos notaron que el biotipo de Chumacero no era apto para la posición y porque…

2.    … no estaba al mismo nivel de sus compañeros en lo que respecta a su condición física (fuerzas rápida y explosiva, sobre todo la primera), requisito por demás importante para el sector donde se desempeña, el medio campo. Esa deficiencia es muy difícil corregirla en un futbolista pasados los 20 años de edad, porque, para ello, el cuerpo de un jugador de fútbol responde, positivamente, hasta los 18 años.

De los cinco fundamentos del fútbol ligados a la fuerza, Chumacero alcanzaba índices aceptables solamente en uno: Capacidad explosiva (piques, dribles, etc.) En los otros cuatro, impulsión vertical, potencia de disparo, disputa de balones y marca “cuerpo a cuerpo”, demostró serias deficiencias.  

La dura realidad del fútbol boliviano

La constatación es que, físicamente, Chumacero, como la mayor parte de los jugadores bolivianos, es víctima de una precaria formación y errada alimentación, consecuencia, respectivamente, de la desactualización profesional formativa en el fútbol nacional, y de la pobreza económica de las familias, realidad perversa que redunda en la precaria alimentación de la mayoría de los niños bolivianos.

La otra constatación es que, técnicamente, Chumacero juega en una posición poco apta para su condición física, lo que demuestra que sus primeros entrenadores (durante su formación en The Strongest) no supieron orientarle correctamente en el sentido de escoger con más coherencia la posición en que mejor se desempeñaría en el campo de juego.

Si un jugador como Chumacero, que en los torneos de la Liga boliviana se destacó por sus habilidades con el balón y por su capacidad física explosiva, no está apto para soportar las duras lides del fútbol brasileño, no debe sorprendernos los resultados que son alcanzados por los equipos bolivianos (y la selección) en torneos de alta competencia, como las Eliminatorias, la Libertadores y la Sudamericana. 

Debemos preocuparnos, sí, en la formación de entrenadores formadores, para no desperdiciar el talento de los niños.