lunes, 16 de diciembre de 2013

PARA SER CAMPEÓN, BOLÍVAR NECESITA CONTROLAR SUS EMOCIONES

¿En cuál de estos fundamentos está fallando Bolívar?

Las emociones son las mismas en una final de Copa del Mundo, de una Champions, de una Libertadores o en la Liga del Fútbol Profesional Boliviano. Esa es la magia del fútbol; por eso existen los equipos y las selecciones; y para sentir sensaciones existe la hinchada.

Nada como sentir la emoción de ser campeón.

Hasta nosotros que vivimos escribiendo sobre el fútbol, sentimos los efectos emotivos del fútbol, pero, felizmente, esos efectos son diferentes, porque tenemos la libertad (y la obligación) de no contagiarnos ni dejarnos envolver por los momentos conmovedores o inquietantes, como los que vivió la afición bolivarista, el último domingo, cuando vio a su equipo alcanzar la victoria en los minutos finales frente a Blooming.

¿Necesitaba el equipo celeste hacer sufrir a su hinchada?  Claro que no.

Entonces, ¿qué sucedió?

Sucedió que más tarde The Strongest entraría en cancha en Santa Cruz de la Sierra contra un equipo juvenil.

Y ese factor desnudó una deficiencia poco advertida en un equipo que solía tener en la personalidad una de sus virtudes. Sí, Bolívar demostró emociones perturbadas; sabía que el empate colocaría en peligro su condición de puntero y candidato al título. Siquiera el hecho de tener un hombre más en cancha desde los 30 minutos del primer tiempo, colocó en orden la cabeza celeste.

Careció de tranquilidad para cruzar el puente sin sobresaltos y alcanzar su objetivo, vencer. Se nota que al equipo celeste de La Paz le falta estructura para soportar la presión, la presión de su propia hinchada. La presión de las circunstancias, porque el rival de Bolívar no era Blooming, era el contexto que colocaba a su tradicional rival, el Tigre, como su mayor amenaza.

El fútbol es sabroso sí, sentir el gusto de ser campeón es inigualable, pero para ello es necesario ser el mejor dentro del campo y fuera de él. Y en el fútbol ser vencedor significa, también, tener estructura emocional.

Nada más oportuna esta mi frasecita: En el fútbol, un partido solo termina,  cuando acaba.

Cambiando una palabra, podríamos afirmar: en el fútbol, un campeonato solo termina cuando acaba.

Entonces me animo a escribir que Bolívar tiene todo para ser campeón, desde que juegue su último compromiso con el balón en el piso, pero, sobre todo, con las emociones controladas.