viernes, 21 de febrero de 2014

A UN AÑO DE LA MUERTE DE KEVIN, DIRIGENTES Y POLÍTICOS ENTRARON EN CANCHA Y NO COSIGUIERON BUENOS RESULTADOS

Por Jorge González (22.02.2014)

Hace un año, el 20 de febrero de 2013, durante un cotejo por la Libertadores de América, en el estadio Jesús Bermúdez en Oruro, fallecía Kevin Beltrán, a sus 14 años de edad, hincha del San José, víctima de un señalizador marítimo, lanzado desde el medio de la hinchada de los Gaviões da Fiel, la barra brava más numerosa, organizada, conflictiva y maleada del Corinthians y del fútbol brasileño.

Del episodio, resultaron presos 12 miembros de esa organización, que tiene más de criminal que de hinchada, y permanecieron así durante 4 meses en la ciudad de Oruro.

Por esos mismos días, un episodio político colocaba a Brasil en los titulares de los medios de comunicación bolivianos e internacionales, ya que el senador Roger Pinto se encontraba asilado en la embajada brasileña, en La Paz, alegándose perseguido político del régimen de Evo Morales.

Política o fútbol, a escoger prioridades

Marcel Biato y Eduardo Saboia

Así, dos asuntos totalmente distintos, creaban un conflicto mayúsculo y colocaban a prueba las buenas relaciones diplomáticas entre Bolivia y Brasil, relaciones provenientes de una afinidad ideológica entre sus dos gobiernos. Porque para el gobierno del PT (Lula y Dilma) y para Brasil, Bolivia y el MAS (Evo Morales) son muy importantes; tan importantes, que enviaron como embajador a Marcel Biato, diplomático de carrera, un hombre que, sin ser militante del PT, era parte del círculo más estrecho de los habitantes del Palacio del Planalto, en Brasilia y gozaba de la confianza  de la persona que, conocida como MAG, en realidad, maneja los hilos de la política exterior brasileña, no burocrática, esto es, fuera del Itamaraty (pero no en discordancia), Marco Aurelio García, asesor jefe de la Asesoría Especial de la presidenta de la República.


M.A. Ga
El caso Pinto, estaba más ligado a un problema espinoso y de estado, que no tiene nada de ideológico para Brasil: el narcotráfico, pues el senador acompañó su solicitud de asilo dando nombres y apellidos, acto que dejó sin acción al gobierno brasileño, a no ser darle el asilo, porque, de lo contrario, estaría no cumpliendo la ley. Puede parecer irónico, pero ese inconveniente podía resolverse con acuerdos dentro de las oficinas de los dos países y, según mi entendimiento, así nomás fue.   
Saboia y Pinto, muy amigos

Por lo tanto, era necesario dedicar todas las atenciones para el caso de los 12 corintianos presos, sospechosos por la muerte del joven Kevin, porque el episodio estaba relacionado con la mayor actividad social del país, el fútbol, y que envolvía a la segunda mayor hinchada (se dice 30 millones de corintianos); cuanto más demorada su solución, mayor sería el desgaste interno para el gobierno del PT; era preciso no repetir lo sucedido  anteriormente, cuando Lula fue duramente criticado por no haber actuado "con más autoridad" frente al gobierno de Evo, cuando fueron intervenidas las instalaciones de la Petrobras en ocasión de la nacionalización.

Ahí entró en cancha una figura que se tornaría posteriormente el centro de las atenciones: el diplomático Eduardo Saboia. Encargado de Negocios de la embajada de Brasil en La Paz, Saboia fue el protagonista y ejecutor de la espectacular fuga de Roger Pinto a Brasil, aunque para muchos, quede la duda de si Saboia fue el único autor de la trama y si ésta se escribió solamente en portugués o en portunhol.

Porque de lo que a Saboia no se le puede culpar, es de no cumplir sus obligaciones. Así él también fue  encargado de cuidar (y mejorar)  la vida de los corintianos en Oruro y en esa función intentó convencer, vía abogados, al fiscal de turno en Oruro de la inocencia de los mismos. Recordemos que los fiscales Abigail Saba, Alfredo Santos y Rubén Arciénaga ya tuvieron el caso en sus manos, sin ninguna solución. Se dice que la fiscal María Portillo deberá asumir el caso.

Directo al asunto

Limbert Beltran, papá de Kevin
No demoró mucho hasta que los diplomáticos brasileños se convencieran de que  el camino para una solución del caso de los barras bravas no estaba precisamente camino a Oruro, mas, sí, en dirección a Cochabamba, donde vive Limbert Beltrán, papá de Kevin, y la familia. Era en la Llajta donde sería preciso convencer de que la justicia brasileña “castigaría ejemplarmente” al culpable por el asesinato de Kevin; y para ello, demostraron que un joven, menor de edad, se había declarado culpado. 

Hasta hoy, todos saben que ese chico, que es miembro de esa organización criminal que, con el mote de Gaviões da Fiel, se abriga en el fútbol para cometer sus fechorías, es apenas una "salida" al problema, porque, como menor de edad, no puede ser encarcelado.  

Prohibidos por la Conmebol de entrar a los estadios donde Corinthians jugaba por la Libertadores de América, los barras bravas comenzaron a presionar al presidente corintiano Mario Gobbi para que, por su lado, y en nombre del Corinthians, exija del gobierno brasileño una actuación  más rigorosa en el caso de sus torcedores presos en Bolivia. Gobbi llegó  viajar a Brasilia para pedir una solución rápida.


así, en el mes de marzo, día 14, por medio del cónsul brasileño en Cochabamba, Mauricio Vitorino, la familia de Kevin conversó con el Corinthians, cuando su presidente, Mario Gobbi, llegó a ofrecer 200 mil dólares de la renta de un juego  como “ayuda humanitaria”, con la intención de sensibilizarla para que declare que acepta que los hinchas corintianos presos respondan al proceso en libertad.

Brasil, fútbol y dictadura militar

El periodista Vladimir Herzog
Los dirigentes del Corinthians ya habían amarrado la ayuda de la embajada de Brasil en La Paz y del consulado en Cochabamba, pero consideraban que no era suficiente, preciso se tornaba actuar también actuar en el ámbito futbolístico y, para tanto, contactaron a la Confederación Brasileña de Fútbol en la persona de su presidente José María Marin,; el objetivo era que la selección brasileña (que buscaba amistosos) jugara frente a la selección boliviana, en Santa Cruz de la Sierra. El argumento era que la presión de los torcedores corintianos aumentaba, pues comenzaron a salir a las calles a protestar. 

Hábil, pero con la popularidad muy baja, Marín aprovechó la oportunidad para quedar bien con Dios y con el Diablo y aceptó llevar a la Canarinho a Santa Cruz, con la condición de que, independientemente de la ayuda prometida por el Corinthians, parte de la recaudación de ese encuentro sea destinada a la familia de Kevin, el joven asesinado.

Era necesario para Marín demostrar un sentimiento solidario, pues, en esos mismos días, su nombre estaba en la "boca de la tormenta" pues la prensa brasileña recordaba  un episodio que envolvía al presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF),  que en 1975, y como miembro de la Arena, partido político que sustentaba a la dictadura militar, había acusado, desde la tribuna de la Cámara Estadual de São Paulo, que “el noticiero de la TV Cultura de São Paulo era portavoz del Partido Comunista”. En consecuencia, el jefe de prensa del canal, el periodista Vladimir Herzog, fue detenido, torturado y a apareció muerto en su celda, siendo versión oficial de la muerte "el suicidio por ahorcamiento."

Chávez, Evo, Marín y Del Nero en Santa Cruz.
Como el partido amistoso entre las selecciones de Brasil y de Bolivia era, aparentemente,  una acción noble, el presidente Evo Morales aceptó la invitación del presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, Carlos Chávez, y asistió al encuentro. La imagen del presidente Morales, compartiendo con Chávez y Marín (que se trajo también a Polo del Nero, próximo presidente de la CBF), fue aprovechada para disminuir el ímpetu de los fiscales en Oruro decididos en mantener presos a los gaviones corintianos. 

El Tahuichi en Santa Cruz de la Sierra, se convirtió, entonces, en el escenario perfecto para que, paralelamente al juego entre las selecciones de Bolivia y Brasil, sea encontrado un inicio de solución al problema de los corintianos presos en Oruro. El propio presidente Evo Morales, declararía, meses después, cuando los hinchas corintianos ya disfrutaban de libertad en São Paulo, que él había interferido para que eso aconteciera.

Vil engaño

El juego que se olvidó de Kevin
Por lo tanto, fuera del gramado también se jugaba; para ello, llegó a Santa Cruz una comisión formada por parlamentarios brasileños, encabezados por el diputado Vicente Cândido del PT de São Paulo, y miembros de la embajada en La Paz, quienes se encargaron de convencer, vía cónsul brasileño en Cochabamba, Mauricio Vitorino, a  Limbert Beltrán, papá de Kevin, para que vaya hasta Santa Cruz a presenciar el partido entre las selecciones.

“En Santa Cruz me dieron las condolencias y me ofrecieron los 200 mil dólares; les dije que aceptaba y que no pondría obstáculos para la soltura de los torcedores inocentes, pero que consideraba que, por lo menos dos de los doce, tenían culpa en la muerte de mi hijo”, contó el papá de Kevin al portal brasileño Uol. 

Sanches y Lula
Limbert dice también que se arrepiente por haber pedido que el acuerdo entre la familia y los políticos brasileños (que hablaban en nombre del Corinthians) no fuera divulgado, ya que nunca le dieron el dinero prometido, por el simple motivo de que en la reunión en que sellaron ese acuerdo, no se encontraba ningún representante del Corinthians.

Cândido y Gobbi
El diputado Vicente Cândido, había Tomado la iniciativa de reiterar para la familia de Kevin, el anterior ofrecimiento del club brasileño, de darle 200 mil dólares, confiado en la su amistad con el actual (Grobbi) y con el ex presidente del Corinthians Andrés Sanches (este muy amigo de Lula, ex presidente de Brasil).


No fue así, ambos dirigentes corintianos negaron haber autorizado para que el parlamentario hablara en sus nombres y menos en el del Corinthians. Andrés Sanches, inclusive, contrariamente a un compromiso asumido, suspendió su viaje a Santa Cruz.

Para complementar el embrollo, Libert Beltrán notó que él simplemente fue usado por dirigentes y políticos, ya que en el partido en Santa Cruz de la Sierra en ningún momento, siquiera fue recordado el nombre de Kevin y más bien se hablaba de “Paz y amistad en los estadios”. 

El vil engaño estaba consumado, porque, posteriormente, Carlos Chávez se hizo el desentendido respecto del motivo por el que la selección brasileña de fútbol había ido a Santa Cruz de la Sierra.

Los protagonistas
Para impresionar bien a la familia de Kevin y a la opinión pública, los corintianos usaron
en prisión camisas con el nombre del joven hincha del San José, muerto por uno de su banda.
Hoy, un año después de la tragedia, ninguno de los doce hinchas del Corinthians fue punido; el menor de edad que se presentó como siendo el que disparó el proyectil, continua en libertad; Corinthians ya olvidó el episodio; el presidente del Corinthians, Mario Gobbi, amarga una presión sin precedentes debido a la pésima campaña del equipo y a las dificultades financieras del club, inclusive amenazó con renunciar; Andrés Sanches , aspirante a la presidencia de la CBF, perdió espacio nacional para tanto; los miembros de las barras bravas corintianas continúan yendo a los estadios y cometiendo sus fechorías (la última, la semana pasada, fue la invasión del propio Centro de Entrenamiento del Corinthians) por lo que algunos fueron presos y otros están forajidos de la justicia, como Tiago Ferreira, uno de los 12 de Oruro; el diputado Cândido Valente continua diputado; el presidente de la CBF, José María Marín, continua presidente de la CBF; el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, Carlos Chávez, continua presidente de la FBF, y fue agraciado con el jugoso cargo de tesorero de la Conmebol; el cónsul brasileño en Cochabamba continua cónsul; Eduardo Saboia, pese a que está amargando un congelamiento profesional, continua diplomático; Marcel Biato, también en la heladera, continua embajador, pero sin cargo; el senador Roger Pinto, está libre en Brasil;  la embajada de Brasil en Bolivia continua sin embajador; y Marco Aurélio García, con problemas de salud está prohibido de venir a La Paz, pero con el mismo poder en la política exterior, no burocrática, brasileña. Y las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Brasil, de viento en popa.

Trabajando aún como profesores, los únicos que sufrieron un duro castigo en toda esta triste historia, fueron los papás y la familia de Kevin Beltrán que sienten la ausencia de su hijo, cuyos restos se encuentran enterrados en la ciudad de Cochabamba.

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