miércoles, 14 de noviembre de 2007

Para los gloriosos futbolistas bolivianos

Una de las gratas facilidades de un blog, es que el responsable puede decidir qué es lo que se puede publicar.

Decidí, entonces, traducir este importante y contundente texto escrito por el brasileño Roberto Vieira.

Gracias Roberto, ¡cuánto agradecería a Dios que todos los futbolistas de mi país leyeran! ¡Todos!

Toda la gloria del mundo es pasajera

Por ROBERTO VIEIRA

Toda gloria del mundo es pasajera. Principalmente en los campos de fútbol. Los goles, los abrazos, los aplausos pueden acabar de repente. En un penal mal cobrado. En una despedida ingrata.

En una curva de la carretera.

La gloria del mundo es pasajera. Ella nos viste de falsos amigos. Y nos traga en los bares y noches de la vida. Como si las graderías llenas siempre fuesen existir. Y los micrófonos y primeras planas de los periódicos fuesen diamantes eternos.

La gloria del mundo es pasajera. Ella se encierra en un sanatorio de cualquier ciudad. En la mesa de billar de una villa. En un hospital en el interior del país.

La gloria del mundo es pasajera. Ella muere de cirrosis, tuberculosis, sífilis, melancolía o vicio. Muere de muerte muerta. Muere porque toda la gloria del mundo es pasajera.

Jugadores del fútbol se tornan emperadores muy jóvenes. Usan huinchas cubiertas de oro. Son aclamados por las multitudes. Endiosados por bellas mujeres. Se juzgan inmortales.

Como cualquiera de nosotros se juzgaría, si tan jóvenes recibiéramos oro e incienso.

Porque siempre que hacemos un gol en esta vida. Siempre que defendemos un penal. Siempre que nos juzgamos eternos, debemos repetir para nosotros mismos:

¡Toda la gloria del mundo es pasajera!