lunes, 30 de julio de 2007

Los fuera de la ley

En Bolivia, los comités cívicos y la Liga del Fútbol Profesional Boliviano, son entidades amorfas, porque no tienen forma regular o bien determinada y carecen de personalidad y carácter legal.

El problema de estas entidades es su origen, o la forma como sus representantes son elegidos, sin siquiera tener claro para qué sirven. Y lo peor, es que actúan como si estuvieran por encima de las normas del Estado.

La palabra Comité (del francés comité, que deriva por su parte del inglés committee) significa comisión, que es justamente delegación perteneciente a la ciudad o a los ciudadanos.

Al mismo tiempo, Cívico (del latín civĭcus, de civis o ciudadano) o civismo significa el celo del ciudadano por las instituciones e intereses de la patria, pero por medio de un comportamiento respetuoso con las normas de convivencia pública.

Al no ser elegidos sus dirigentes democráticamente, creo que todos los comités cívicos del país son ilegítimos porque no tienen la delegación de la ciudad y mucho menos de los ciudadanos.

Son grupos que defienden sus propios intereses de grupo y, peor aún, extrapolan sus acciones, al tomar el lugar de los partidos políticos legalmente constituidos.

Por su lado, la Liga del Fútbol Profesional Boliviano (formada por dirigentes que en sus clubes no son electos democráticamente), en lugar de unir al fútbol a través del fortalecimiento de la Federación Boliviana de Fútbol (cuyo símbolo, foto, es menos importante que el de la Liga), mantiene sus propias reglas y normas, colocándose, exactamente como los comités cívicos, fuera de la ley.

Al ser una entidad deportiva, la Liga debería actuar en el exacto objeto del término: "Liga = competición deportiva en que cada uno de los equipos admitidos ha de jugar con todos los de su categoría."

Simplemente eso, y no como una confederación que hacen entre sí los clubes para defenderse de sus enemigos o para ofenderse.

Por coincidencia, la Liga y los comités cívicos tienen como norma de acción el mantenimiento y la buena relación con una parte mínima de la población que, al mismo tiempo, son sus propios grupos de choque: los "barras-bravas" y sus famosas "juventudes".