miércoles, 22 de agosto de 2007

Más Bolívar

Publicado en La Palabra Esférica

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Caudillismo futbolero

La debacle “institucional” del club Bolívar ostenta el inevitable proceso de desmoronamiento de un modo y una forma de gerenciar a los clubes ligueros bolivianos. Un modo y una forma de gerenciar heredada de los viejos mecenas que entre sospechosas nieblas equilibraban a los deficitarios balances del club con dinero que provenía de sus opulentos bolsillos. Bajo este esquema, asignar a los antiguos dirigentes de clubes una capacidad gerencial que va más allá de lo humano es definitivamente un mito, un espantoso lugar común que alcanza en algunos casos estatuto de verdad. Esta semana la consigna: “dirigentes eran los de antes” viajó por la boca de periodistas (experimentados, novatos y hasta sensacionalistas), de dirigentes (opositores a Cuellar y ex-amigos del fanstamal y actual directorio), de directores técnicos (como Sandy) y hasta jugadores (que ya estaban a punto de convocar mediante un espiritista a don Mario Mercado Vaca Guzmán para que desde el oscuro más allá venga a saldar las gruesas deudas y saciar los anhelados salarios del club).

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué tan cierta es esta consigna? Para no salir del contexto de la debacle del club Bolívar recordemos al bien posicionado Mario Mercado. La larga gestión de Mercado nunca tuvo déficit porque el Bolívar alimentaba sus arcas con el excedente económico de la empresa minera Inti Raymi (así que experimentados periodistas que están más de veinte, treinta, cuarenta años detrás de los micrófonos no vengan hacernos creer que el Bolívar se mantenía con las recaudaciones. ¡Por favor!). El excedente económico de Inti Raymi no sólo vertebrabó a la economía del club, sino que proyectó las aspiraciones futbolísticas de la Academia en la alta competencia. Pero, más allá de la beneficiosa plata de Inti Raymi, Mercado si algún legado dejó a los clubes bolivianos fue un modelo dirigencial bastante perverso que infectó de mediocridad al fútbol: se trata del modelo dirigencial que gira entorno al Caudillo Futbolero. El Caudillo hace del fútbol una plataforma para saciar sus necesidades de poder y hace de su gestión (oscura muchas veces) el trampolín para alcanzar poder político. Otra aptitud del Caudillo futbolero es que reproduce el orden de su empresa organizando un directorio sospechoso donde nunca se transparenta los pasos para acceder a él. Por tanto, el directorio está invadido de abogados amigos, de empresarios (que tienen que ver explícitamente e implícitamente con las empresas del Caudillo) y de otro tipo de amigos que siempre han servido al club y al Caudillo (el caso de Ortuño, por ejemplo). El club Bolívar nunca tuvo una columna vertebral que le permita parecerse a una institución, fue la columna vertebral de Mercado la que hizo de la academia lo que hace un tiempo fue. El Bolívar tiene un estatuto que ni el doctor Cuellar lo maneja. ¿Por qué? Porque el único bien heredado, además del deteriorado estadio de Tembladerani, fue el modelo caudillista. Ese que lleva su propia columna vertebral para sostener las arcas del club. Por tanto, la consigna de “dirigentes eran los de antes” merece con urgencia ser revisada sobre todo para tratar de entender el por qué del desmoronamiento “institucional” del club Bolívar, que es en realidad el desmoronamiento de todo el fútbol boliviano.

En Bolivia es interesante los pasos que está dando el club Blooming. Donde, de a poco y batallando frente a grandes dificultades, se está alejando de la nefasta figura del Caudillo Futbolero y está optando por construir la institucionalidad de un club de socios con base ancha. Hace un par de años dejó de ser una Institución sin fines de lucro y pasó a ser una Sociedad Anónima compuesta por una multitud democrática de accionistas. Acciones a las que se pueden acceder mediante un monto específico de dinero, pero bajo la lógica de una acción por cada uno de los blooministas, en ese sentido hinchas, barra bravas, empresarios, adquieren el mismo grado de participación y de responsabilidad. Y lo que es más importante a esta multitud se les rinde cuentas y se les muestra los balances, y son también quienes eligen de forma transparente a un directorio que conduzca al club. Aunque este modelo no es una garantía de eficiencia y de cero corrupción (véase la nefasta crisis del club River Plate, que funciona bajo los mismos mecanismos del club Blooming) es un paso adelante y un modo más democrático para escapar del perverso esquema Caudillista que hace del fútbol su pequeño rancho y su plataforma para acceder a las ventajas que da el poder.

Si el Bolívar y el resto de clubes de la liga no optan por construir una estructura institucional en la que se incorpore una amplia base de socios que obtengan derechos en la participación, en la búsqueda de horizontes para el club y al mismo tiempo adquieran responsabilidades en el designio de la economía, el fútbol liguero boliviano tendrá como norte el actual destino del club Celeste: la debacle. Y lo que es peor: el fútbol boliviano no podrá despegar del actual espiral de mediocridades que nos somete a nuestra sempiterna obligación de perder.