jueves, 2 de agosto de 2007

Llorando de barriga llena

Es digno de dar carcajadas las cosas que aparecen años después de un acontecimiento deportivo, como es el caso de la eliminación brasileña en la última copa del Mundo de Alemania.

Teixeira, el capo del fútbol brasileño, comentó que hubo excesos en Alemania y que los jugadores llegaban tarde a la concentración.

El único exceso conocido y comentado en su tiempo, fue que los jugadores llegaron una vez a las 3 de la mañana; exceso, porque un buen jugador sabe que debe descansar bastante y en hora.

Sin embargo, lo que un jugador de fútbol hace en sus horas libres, es de cuño personal y no del entrenador, comisión técnica y mucho menos de la prensa, por más Brasil que sea.

De la puerta para afuera, cualquier empleado está libre para poder hacer lo que desee, desde que no perjudique a su imagen y a la imagen de la empresa a la que está ligado.

En la ciudad alemana de Weggis, en donde la delegación brasileña estaba concentrada, el equipo no pudo trabajar bien, porque Teixeira (CBF) recibió mucho dinero del municipio y el público, que pagaba para ver los entrenamientos, obtuvo derechos por eso.

Lo que lastima a Teixeira (foto, al lado de Parreira) en realidad, es que con la eliminación, Brasil, o mejor, la entidad que él preside, tuvo un perjuicio de 10 millones de dólares, poco, para quien lucra mucho más que eso con el fútbol brasileño.

Culpar a los jugadores y llamar a Ronaldo de gordo es infame; la codícia de los dirigentes brasileños les llevó al fracaso en Alemania.