domingo, 12 de agosto de 2007

¡Capitalidad plena, ya!

En la ciudad de Cochabamba, la Federación Boliviana de fútbol posee un bonito y funcional predio, en donde cabrían tranquilamente todas las entidades ligadas al balompié, esto es, Liga, ANF, tribunales de justicia deportiva, etc. El predio fue construido con el sacrificio de todos los deportistas ligados al fútbol, muchos de ellos ya fallecidos y a quienes siempre hay que reverenciarles.

Tradicional e históricamente, la Llajta fue el lugar en donde todos los asuntos futboleros fueron analizados, discutidos y aprobados. Esa condición se consolidó con la conquista del Campeonato sudamericano 1963.

Lo que quiero decir es que no sé para qué existe una oficina de la Liga en Santa Cruz de la Sierra, cuando todos los asuntos ligados al fútbol debieran ser resueltos en la Ciudad del Valle.

Lo mismo pasa con la sede de gobierno. Por historia, por conquista, por lo funcional y, finalmente, por racionalidad, La Paz fue designada como centro de los poderes del Estado.

Es necesario, sí, unificar la sede de los tres poderes y estoy plenamente de acuerdo con aquellos que piden la capitalidad plena, por eso defiendo que el Poder Judiciario sea trasladado a la ciudad de La Paz, que tiene todo el derecho y la infraestructura para abrigar también a los magistrados y su séquito.

Creo que esa debe ser la reivindicación paceña; tengo plena certeza de que, yendo a un referéndum, el tiro les saldrá por la culata a los que no quieren un final feliz para la Constituyente.

Metafóricamente, en el fútbol, las hinchadas de Bolívar, The Strongest, San José y Real Potosí, suman más del 60 por ciento de todas las hinchadas de los otros clubes de la Liga. A ello debe agregarse el facto incontestable de que bolivaristas, estronguistas y mineros hay en todos los departamentos de Bolivia y también en el exterior.

Y más, no creo que todos los ciudadanos de la llamada “media-luna” estén de acuerdo con las ideas malucas de sus dirigentes políticos, y menos cochabambinos y chuquisaqueños.

Como en el fútbol, en política no se puede subestimar al ocasional adversario.