jueves, 10 de mayo de 2007

El hincha y la ropa vieja

Miércoles, 9 de mayo. La Oyada, como de costumbre, llena de problemas. Por un lado, los empleados de la salud que quieren más dinero y piden la salida de la ministra del sector, que debe ser más humilde y pobre que muchos dirigentes sindicales, lo que no le quita la competencia.

Por otro lado, los “ropavejeros”, o peor, las pocas familias que controlan el macabro contrabando, manipulan a sus “afiliados” para continuar trayendo al país ropa dejada por personas que, en vida, felices fueron.

Es la confirmación de que la muerte se convierte en Bolivia en un gran negocio.

Los paceños y los no paceños que viven junto al río Choqueyapu están acostumbrados; las huelgas de hambre y los bloqueos de la ciudad ya forman parte de la geografía y del cotidiano.

Ese día, las personas que protestaban eran las que, en medio a ese caos, buscaban formas de llegar a Miraflores y colocar sus traseros en el frío cemento del Siles con la esperanza de ver un buen partido de fútbol, porque, al final, se trataba de un clásico: Bolívar x Wilstermann.

“Que mi Academia gane “aunqueseita” por medio a cero, pero que gane”, nos comentaba un señor que, literalmente, tuvo que pasar por encima de los "ropavejeros" que ocupaban la Pérez y San Francisco.

- De El Alto a la Pérez en minibús, de la Pérez al Siles a “t'usu”, ida y vuelta; por mi Bolívar, cualquier cosa – comentaba el “fana” que guarda sagradamente y semanalmente sus pesitos que se los gana en un taller de costura en El Alto.

El 1 x 0 fue suficiente para que Bolívar salga de las tinieblas y se coloque, quien diría, casi codeándose con los equipos que ocupan el medio de la tabla de posiciones.

Mejor para Don Guillermo, 60 años, que retorna contento a la Ciudad Satélite sabiendo que al día siguiente no tendrá que aguantar las burlas de sus compañeros de taller.

En la misma plaza del estadio, antes de subirse al “chuto”, Don “Guille” muestra sus habilidades de negociador, paga 1 bolivianito, con la condición de aguantar en sus faldas el peso del voceador que va prácticamente sentado encima de él.

El próximo partido de la Academia ciertamente se repetirá la historia.