domingo, 25 de enero de 2015

SÃO PAULO, MI SÃO PAULO (461 AÑOS)


El Rey Pelé me dio uno de mis mayores trofeos, en São Paulo.
Quién diría, el destino me deparó una grata sorpresa, cuando febrero de 1973 llegué por primera vez a São Paulo.

Desembarcando en la vieja y bella Rodoviaria, después de un larguísimo viaje desde Buenos Aires, pasando por Montevideo, me dirigí, caminando, hasta un pequeño hotel en la Plaza Princesa Isabel, en plena Av. Rio Branco.

Fue ahí que comenzó mi idilio, con la mayor ciudad brasileña.

Un amor que no acaba nunca.

De ese romance, surgieron en mi vida mis grandes logros: Anaí, Naira y Paloma, mis hijas. Gracias a una gran paulistana llamada Rita.

São Paulo y yo tenemos una complicidad permanente.

La esquina São João e Ipiranga, es, para mí, en São Paulo, lo que en La Paz representa la Almirante Grau y Bartolina Sisa.
La esquina São João e Ipiranga me dieron de comer, al permitirme, todas las noches, retratar a hombres, mujeres y niños; y los domingos, la actividad se repetía en la Feria “Hippie” de la Plaza da República.

Con mis compañeras y compañeros de la Escola de Comunicações e Artes da USP, iniciamos una gran caminata en 1974.
Sampa, en fin, me dio la profesión que me apasiona. Junto a grandes amigos y amigas de la Escola de Comunicações e Artes da USP, estudié periodismo y durante largos 5 años (que parecieron cortos) tuve la oportunidad de profundizar ideologías que permanecen (casi) intactas hasta ahora.  

São Paulo de la Radio Record, donde inicié esta larga caminata periodística, por medio del gran amigo y compañero Alexandre Kadunk (+), en 1974.

Fútbol, rock y política, caminan armoniosamente en la Máquina Vermelha da USP...
El fútbol y la política (cada uno por su lado) ocuparon gran parte de mi vida paulistana y hasta hoy me consienten convivir (como hace 35 años) con mis grandes amigos futbolistas, roqueros y sambistas de la “Máquina Vermelha” equipo de fútbol que, en poco tiempo, dejó de ser “propiedad” de la facultad de Historia de la USP, para convertirse en pasión de, justamente, estudiantes (hoy profesionales) de toda la Universidad de São Paulo, y así es hasta ahora.

...como hace 35 años.
São Paulo que desde un primer contacto me reservó la felicidad de convertirme en admirador del gran Rey Pelé, por lo tanto, de hacerme torcedor santista, de esos que visten la camisa y van al estadio, cuando no a trabajo, claro.

São Paulo, que me dio a mis padres adoptivos Wilson y Cecilia y a mis hermanos Peninha y Cristina. Y a todas mis tías, tíos, primos y sobrinos Soligno.

São Paulo, que hizo con que las saudades de mi querida La Paz, de mi cuna, Bolivia, sean mayores.

São Paulo, que me permitió dedicar gran parte de mi tiempo a la organización de los inmigrantes bolivianos, por medio de la mayor entidad de éstos, la Asociación de 
Residentes Bolivianos (ADRB).


Bolivia y sus ciudadanos inmigrantes estuvieron siempre presentes en São Paulo. 
São Paulo que, a pesar de la distancia, la llevo junto a través de la lectura y de la música, dos géneros que se hicieron hábito por “culpa” de ella.

A São Paulo, la gran São Paulo, que cumple 461 años en este 25 de enero de 2015, mi eterna gratitud.