miércoles, 16 de enero de 2013

EL SUDAMERICANO SUB 20 Y EL SÍNDROME DE LA IMITACIÓN

A los jugadores de las llamadas divisiones inferiores (de las sub 20 para abajo) hay que darles la dimensión que merecen.

 

Ese es el mayor trabajo que tienen sus entrenadores: dejarles saber que tienen que obtener su propia personalidad para llegar a la primera división. O sea, inculcarles que no se espejen en ningún jugador que admiran, porque dentro de la cancha, en competencia oficial, aparecen la habilidad (que es cognitiva) y la técnica que se adquiere entrenando,  y no los sueños de ser igual a otros.

 

Para mí no es muy difícil entender las bajísimas presentaciones de argentinos y brasileños en el Sudamericano sub 20. En esos dos países se vive, hoy, una especie de síndrome “mesista” y “neymarista”, dos excepcionales jugadores y por eso mismo inimitables.

 

Existe una verdad impuesta por los medios de comunicación dedicados al deporte que, a la larga, perjudica el desempeño de los jóvenes valores sudamericanos en competencias como el Sudamericano sub 20: es la llamada “vitrina” para soñar con una transferencia a Europa, cuando, en realidad, debieran estar simplemente preocupados en demostrar a sus entrenadores que los están observando en casa que merecen una oportunidad en el primer plantel.

 

No es coincidencia que Chile sea el que mejor está compitiendo, es que, hoy, los jóvenes chilenos carecen de una figura a quién imitar en su país, o sea, juegan con el compromiso único de mostrarse en su propio país. Lo propio pasa con los uruguayos. Sin contar que en esos equipos ya poseen  jugadores que actúan fuera de sus fronteras.

 

La estrepitosa caída de Bolivia frente a Colombia (0 x 6), después de un empate ilusorio frente a la Argentina, demuestra, sumado a lo indicado arriba, que en nuestro país, se vive del resultado inmediato, o sea, si vencemos o empatamos frente a equipos de países mejores futbolísticamente, pensamos que estamos en el mismo nivel, cuando lo más importante sería tener conciencia de que nuestra estructura es inferior, lo que, acredito, permitiría entrar en cancha más confiados, dejando la responsabilidad a los adversarios en la búsqueda de resultados positivos.

 

Frente a los colombianos se jugó aún pensando en el empate frente a los argentinos, olvidándose que no hay equipos iguales. Y así nos fue.