lunes, 21 de enero de 2013

30 AÑOS SIN GARRINCHA


 

 

Era el mes de marzo de 1964 cuando el estadio Hernando Siles, una de las postales arquitectónicas de La Paz, tuvo la honra de recibir al futbol alegre, irreverente y humillante (para los laterales izquierdos) de Mané Garrincha (foto al lado) que jugaba en el Botafogo junto a los jóvenes Manga, Gerson, Jairzinho y Zagallo (foto abajo).

 

En ese entonces se realizó el torneo internacional  Jubileo de Oro y Botafogo fue campeón invicto, derrotando al Banik Ostrawa, de la entonces Tchecoslováquia, por 2 a 0; al Racing, de Montevidéu, por 2 a 1; a The Strongest, de Bolivia, por 2 a 0; y al Boca Juniors, de Buenos Aires, por 2 a 1.  

 

Los paceños y bolivianos que llegaron de todo el país para asistir al torneo, se encantaron con lo que vieron en el torneo y sobre todo en la final.

 

La última “victima” en el Siles se llamaba Silvio Marzolini (foto al lado), joven del Boca y la selección argentina, rubio fuerte, técnico y considerado el mejor lateral izquierdo del mundo en la Copa de Inglaterra 1966.

 

Con sus piernas chuecas, la cabeza levantada y, esporádicamente, sus manos en la cintura, Garrincha, en fracción de segundos, acostumbraba a decidir la jugada que se venía saltitante y rápida, de izquierda a derecha y viceversa, sin tocar el balón que se quedaba esperando la orden para correr radiante, por la derecha, junto al zapato diestro del ídolo. El resultado de esa coreografía era casi siempre marcador en el suelo. Y con Marsolini no fue diferente. Como tantos otros en el mundo.

 

Como, por fuerza de contrato, Silvio Marsolini tenía que estar en campo, el segundo tiempo se fue a jugar de centro delantero.

 

Cuento todo eso, para recordar que hace 30 años, exactamente en un 20 de enero de 1983, dejaba de existir en Río de Janeiro, Manuel Francisco dos Santos, Mané Garrincha, uno de los mayores jugadores de futbol de todos los tiempos.

 

Hasta ahora pienso que si el futbol se jugase con la alegría que lo hacía Garrincha, todo sería diferente.