martes, 17 de julio de 2012

LA HORA DE LA VERDAD LLEGÓ PARA AZKARGORTA.


Tiene que probar que es un entrenador de futbol y no simplemente un especialista en retórica.



Tiene que mostrar a los bolivianos que sabe realmente de futbol.



Debe justificar al país el por qué gana más que el presidente del Estado.



Para eso simplemente tendrá que ganar los juegos que le resta a la selección boliviana como local, nada más que eso. O sea, confirmar que su fama no fue por acaso.



Y, ojo, siquiera estamos esperando que clasifique a la Copa de Brasil-2014.



Que todo lo que representa para los bolivianos no fue gracias a la feliz coincidencia de haber encontrado una generación homogénea de jugadores arriba de la media en 1993 y, sí, a su trabajo.



Hoy, Azkargorta se coloca como la “estrella” de la selección debido a la mediocridad de futbolistas existentes en el país. Lo que no es nada bueno para el futbol nacional.



Azkargorta sabía, y la pensó muy bien, que el único país en donde podía darse el lujo de ganar 25 mil dólares por mes, ese país  se llama Bolivia, porque sabe que Bolivia vive de recuerdos, vive de sueños.



Si Azkargorta es un buen entrenador estaría pues trabajando en el futbol más competitivo del momento que se encuentra, por coincidencia, en España, donde nació.



Si Azkargorta fuese lo que Evo Morales y los dirigentes del futbol nacional creen que es, hubiera triunfado en la selección chilena, en el Yokohama de Japón y el Chivas Guadalajara de México en donde no ganó absolutamente nada.



Lo absurdo de todo es que en el país sudamericano cuyo futbol es uno de los últimos y el primero en pobreza, se dan el lujo de contratar un entrenador de futbol con un sueldo mayor que el del presidente del Estado.



Triste e irónica coincidencia.  



A propósito, experto, Azkargorta esperó el momento propicio para aceptar el cargo, porque si no clasifica dirá que asumió tarde, por lo tanto la culpa será de Quinteros.



En el fondo, Azkargorta está cuidando de su propia vida.