sábado, 9 de agosto de 2008

Deporte y política no caben en el mismo podium

Antes mismo de llegar a Pekín como invitado para la inauguración de los Juegos Olímpicos, el presidente de los EEUU, George Bush, bien a su estilo ranchero, criticó la situación política del país sede del mayor evento deportivo mundial.

Los chinos se encargaron de dar la respuesta inmediata y pública, pidiendo al mandatario norteamericano que no se meta en los asuntos internos del país.

Y listo, ahí acabó todo, después intercambiaron sonrisas, personalmente.

Lo que nadie dijo, siquiera los miembros del Comité Olímpico Internacional, es que política y deporte no combinan.

Los Juegos ya fueron realizados en casi todos los países potencialmente económicos para ello, inclusive en la ex Unión Soviética y los EEUU, y los más interesados, los deportistas, vivieron momentos memorables en el ámbito puramente atlético. Y todos los que asistieron por la TV, claro, se deleitaron con ello.

Los políticos no pierden la manía de aparecer en eventos deportivos de relevancia internacional o nacional, inclusive en Bolivia.

En cualquier parte del mundo la agresión a los derechos humanos es deplorable, pero debe ser combatido y castigado en el ámbito puramente sociopolítico y de la justicia.

El deporte tiene su propia justicia y es en esa esfera que deben ser castigadas los eventuales excesos. Lejos de la política.