miércoles, 19 de junio de 2013

¡ALERTA EN BRASIL, "EL PAÍS DEL FUTBOL"!

Las manifestaciones en Brasil no son contra el gobierno, contra la oposición o contra los partidos políticos.

Es una manifestación contra todo el sistema.

Es contra el modelo de país actual.

Por lo tanto, es un alerta para todos los países latinoamericanos.

Países como el nuestro, Bolivia, que están viviendo la bonanza de los recursos naturales, pero no renovables, y sus buenos y circunstanciales precios, deben analizar con cuidado los acontecimientos en Brasil.

Brasil, que se vanagloria de ser la 5º economía del mundo y que estaba festejando el mote de “País Emergente”, simplemente se acomodó.

Para esa acomodación contribuyeron las tranquilas tres victorias electorales para la presidencia de la República (dos Lula y una Dilma).

Está cierto que son tres gestiones gubernamentales que dieron ciudadanía a muchos brasileños que vivían literalmente en la “clandestinidad” y que no existían para el resto del país.

Y que salieron de la extrema pobreza, enterándose de lo que significa pan y escuela.

No hay que negar.

Entonces, gobierno constituido pelas urnas + economía estable y en crecimiento + nuevos ciudadanos = acomodación política y al mismo tiempo, crecimiento de una nueva camada poblacional.

Para Lula y Dilma, que surgieron de lo más hondo de la lucha contra las dictaduras militares, no es fácil (y lo estamos viendo) tener que saldar el costo de ser obligados a realizar alianzas políticas para tener gobernabilidad.

No es ninguna casualidad que en Río de Janeiro, la ciudad donde más fuerte se sintió el sismo de las manifestaciones, los gobiernos, municipal y Estadual, sean administrados no por el PT y si por sus aliados - uno del PMDB y otro perteneciente a una sigla controlada por una secta evangélica.

La población que se lanzó a las calles no pertenece ni a las camadas privilegiadas, ni a los grupos que nunca tuvieron ciudadanía. Es una importante camada que conforma un contingente significativo del país que surgió durante las tres gestiones del PT – pero que vinieron siendo última y lentamente olvidados. Es la genuina “clase media emergente” que, estando a un paso de subir un patamar más en la escala social (aspiración que me parece justa), se vio atingida por la elevación del costo de vida y en muchos casos frustrada por no poder realizar el sueño, por ejemplo, de la casa propia.

En las calles están jóvenes, mujeres y hombres, acompañados de los padres, que no les alcanza más para pagar las elevadas mensualidades en las universidades privadas, por ejemplo y que la suma de los 0,20 centavos de aumento en el transporte público desequilibra el presupuesto familiar mensual. Y que, al mismo tiempo, veen al gobierno (atender exigencias de la FIFA y del COI), gastando millones y millones de reales en la construcción de estadios para la Copa del Mundo y Juegos Olímpicos.

Eventos que, a pesar de importantes para el país, solo pueden asistir los brasileños más privilegiados, o los turistas extranjeros, pues el costo de los ingresos son impracticables para los que se encuentran protestando en las avenidas.

Y qué decir de aquellos millares y millares de ciudadanos, hombres y mujeres, que viven de la venta de productos callejeros alrededor de los estadios y por imposición de la FIFA, durante los 30 días de la Copa, tendrán que dejar de ganar el pan diario. Ellos también se sumaron a las protestas.

Qué ironía para este escriba (que adora y trabaja en torno al futbol), tener que manifestar que, en el fondo, las manifestaciones en Brasil son justas.

Sin embargo, hay que lamentar la presencia de agitadores y provocadores cuyos intereses son excusos.

Cabe aquí a los políticos brasileños solucionar el problema y entender que, definitivamente, el deporte en general y el futbol en particular, son actividades que tienen mucho que ver con la sociedad en su conjunto.

Pero parece que en el “país del futbol” se olvidaron de ello.